Hola coach,

Soy yo, ¿cómo va eso? Te escribo porque quiero sincerarme contigo. Nada importante, pero hoy me apetece.

Empezaré por darte las gracias, sabes que me gusta hacerlo de vez en cuando, y hoy no podía ser menos. Gracias por todo lo que haces por nosotros, por mí concretamente, y es que aunque no lo creas, eres una de las personas que más pendiente está de mí, que más me ayuda y que más se preocupa porque pueda ser un poquito mejor.

Recuerdo perfectamente nuestros primeros ratos juntos, cómo insistías en que hiciera bien las cosas, y lo torpe que me sentí cuando, ese primer día, tardé 40 minutos en hacer una sentadilla medianamente bien. Qué paciencia la tuya, y qué poca vergüenza la mía. Enseguida me di cuenta de que el no saber no era un problema, que yo estaba allí para aprender, y que te tendría siempre cerca para enseñarme. Y no me has defraudado.

También recuerdo cómo te acercabas sigiloso entre mis compañeros, te parabas a observarme y me cortabas en mitad del WOD para corregirme, velando siempre por mi seguridad y la perfección de mis movimientos. Por aquellos tiempos yo aún no sabía mucho y me ponía muy nerviosa ver que venías “a por mí”, a veces incluso deseaba que te estuvieses quietecito y dejases de corregirme, me sentía torpe y no quería ser un lastre. Qué equivocada estaba.

Con el paso del tiempo he podido comprobar que sigues ahí, que no dejas de estar pendiente de mí y que vives mis avances conmigo. Muchas veces recuerdo con una sonrisa aquel día en el que te prometí que lo intentaría, y tu respuesta firme y rotunda a mi comentario fue: “No lo intentes, hazlo”. En ese momento conocí el verdadero sentido del CrossFit.

Desde ese momento ha pasado ya un tiempo, pero lo tengo siempre presente, cada vez que mi cuerpo o mi mente me piden aflojar pienso en aquella respuesta y veo tu expresión de fortaleza y seguridad. Y no creas que no me pasa a menudo, no todos los días son buenos y no siempre tengo ganas de entrenar. Esos días en los que llego al box con la mochila colgando desganada, arrastrando los pies y mirando al suelo suelen ser raros, ésos en los que me miras mientras me acerco a la pizarra y me insinúas un “no vale rajarse”, porque intuyes mis intenciones. Cómo me conoces, truhán. Pero entiéndelo, no siempre estoy igual de fuerte para afrontar el WOD. Yo, como todos, tengo días malos, y sé que lo sabes. Por eso te agradezco también que esos días me dejes mi espacio y no me pidas más de lo que sabes que puedo dar. Ya habrá días buenos en los que me exijas un 110%, de hecho los hay, y alguno, incluso, consigo dar hasta un 120.

Ésos son los días en los que puedes pedirme lo que quieras, que llegaré un poquito más allá, conseguiré superar mis límites y volveré con una buena sonrisa a casa. Pídeme lo que creas que puedo darte, pero ten en cuenta mis límites. Tú sabes hacerlo muy bien, me conoces mejor que muchas personas, no sé qué tienes ni de dónde lo sacas, pero sabes exactamente hasta dónde puedes demandarme. ¿Cómo lo haces?

No me faltes, los días que no estás parecen diferentes, son diferentes. Me falta ese aliento detrás de la oreja que me empuja a no abandonar y que me ayuda a sacar fuerza de donde creía que no había. Esa fuerza que se esconde en mis adentros y que a veces necesita escuchar tu voz para aparecer ante mí.

Y hay momentos en los que consigo sacarla, todo eso que llevo dentro aflora durante el entreno en forma de fuerza, de potencia, de resistencia y de rabia, me veo fuerte, siento que puedo con todo, y exploto de la manera más insospechada. Si me ves llorar, sonríeme, déjame sacarlo todo en forma de lágrimas, porque a veces son la mejor manera de librarse de lo bueno y de lo malo. He llorado ante tus ojos sin que apenas me lo notes, lágrimas de alegría, de dolor y de impotencia, lágrimas que se mezclan con el sudor y pasan desapercibidas, pero que están ahí por algo y para algo. Son necesarias y quiero que las respetes, igual que respetas todos los gestos espontáneos que mis compañeros y yo lanzamos cada día en el box.

Es difícil describir qué es CrossFit, pero lo que sí puedo decirte es que sin ti no sería lo mismo, eres un buen coach. Por eso, y por un montón de cosas, no puedo más que darte las gracias y pedirte que sigas con tu buena labor.

Me haces falta.

Nos vemos en el box.

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