¿Recuerdas cuando, en el cole, estudiabas el ciclo de vida del ser humano, los animales o las plantas? Solemos acordarnos de aquello de “Nace, crece, se reproduce y muere”. Pues bien, el ciclo de vida de un crossfiter podemos verlo del siguiente modo.

Tú, crossfiter…

NACES

Naces gracias a la curiosidad, seguramente porque aquel día te fijaste en un grupo de locos que sudaban y sufrían sin un motivo aparente. Les observaste y fue ese gusanillo por saber más el que te incitó a acercarte tímidamente y preguntar. En ese momento, y sin ser consciente de ello, empezaste a ser crossfiter. Aquél fue el primer día de tu nueva vida.

CRECES

Emocionado y, quizá un poco también arrepentido, ese primer día te parece maravillo y apestoso al mismo tiempo, lloras y ríes, sientes dolor y alivio, quieres parar pero decides seguir, tu sentido común te dice que no, pero tú sabes que sí. Y así, poco a poco te vas adentrando en tu nuevo estilo de vida.

Tu afán de superación personal te ayuda a crecer cada día, a aprender, a mejorar, a seguir los pasos de quien te guía, a no rendirte, a saber identificar cuándo has tenido un mal día. Y, sobre todo, a saborear lo bueno del CrossFit, y consigues transformar lo “malo” en el mejor momento del día.

TE REPRODUCES

Hablas a todos tus amigos de lo que haces y de cómo te sientes, y no puedes evitar incitarles a probarlo. Quieres compartir tus sensaciones con ellos y que sientan en sus carnes lo mismo que tú. Por eso intentas a toda costa que entrenen un día contigo, aunque sólo sea eso, un día, pero que lo prueben.

Y a veces lo consigues, y los que lo prueban… Se enganchan como tú.

Y… ¿MUERES?

No lo sé, quizá mueran muchas cosas dentro y fuera de ti, pero si eres crossfiter es porque tienes algo especial y eso no muere tan fácilmente. Tu espíritu de crossfiter no es una moda, es un estilo de vida. Eres tú, tal cual.

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