Párate un momento, frente al espejo, mírate, y dime… ¿Qué ves?

Yo veo…

Rasguños

Rasguños por todas partes y de todos los tamaños y colores. Rojos, morados, amarillos y verdes, cada uno con su historia y cada uno bien merecido. Porque todos ellos tienen un porqué, una razón, y mucho sentido para mí. Los conozco bien, antes incluso de que lleguen ya los intuyo, y conviven luego conmigo, los cuido, y cuando se van, sé que en algún momento volverán a aparecer.

Cambio

Mi cuerpo ha cambiado de un tiempo a esta parte. No es que antes me viera mal, pero sí distinta, no veía firmeza, ni fuerza, ni esas venas que a veces se me marcan en los brazos. Veía mis piernas más flojas, mis hombros caídos, y mi piel menos tersa. No encontraba ni formas ni músculos, solo carne con forma de cuerpo, ahora mi cuerpo ya tiene forma.

Esfuerzo

Lo veo en cada curva, en cada reflejo, en cada gota de sudor que cae por mi piel. Todo el esfuerzo que hay detrás se refleja inevitablemente en mí. No solo el esfuerzo físico, también el que viene detrás, ese que cada día me hace ser un poco más fuerte de mente

Dedicación

Me miro y sé que soy productos de muchas horas de trabajo, de todos esos momentos que me hacen ser quien soy, de un cúmulo de sensaciones que solo es posible entender cuando te llegan, y para que lleguen hay que dedicarles mucho de ti.

Me miro al espejo y… Me veo a mí (me veo tan yo…)

 

 

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