Había leído comentarios, escuchado opiniones, incluso debatido sobre posibles estrategias. Se hablaba de un power clean, porque lo del squat iba a resultar imposible. Y así fue, todo se cumplió cuando llegué al 18.2, cada interpretación, cada sensación, y cada suposición iban haciéndose realidad.

El impacto psicológico de los WODs en escalera ascendente hace mella conforme avanzas, cuando crees que te quedan a penas esas tres últimas rondas, te das cuenta de que son mucho más largas de lo que creías y que, en realidad, aún es medio WOD el que te resta.

Pero quizá sea eso parte de lo que te hace sacar tus últimas fuerzas, esas que te permiten acabar las sentadillas sin soltar las mancuernas, las que hacen que te olvides del fuego que sale de tus piernas, o las que te dan un pellizquito más de aire para los últimos burpees.

Y en ese momento en el que parece que todo ha terminado, te paras a coger aire, respiras contando, al fin, la décima rep, el último salto sobre la barra, miras el crono y lo poco que te queda para conseguir ese ansiado RM. Comienzas asegurando, pero no dispones de mucho tiempo, así que quizá sea buena idea arriesgar. Los más conservadores subirán un poquito, los menos, se lo jugarán todo a una carta, y todos apuramos hasta el último segundo para intentar lograrlo.

Pero suena el piiiiiiii y sientes el alivio de haber llegado sano y salvo al final, otro de esos WODs que parecía que no temías, pero que acaba siendo demoledor, las piernas abandonan por unos instantes tu cuerpo y empiezas a caminar sin saber muy bien cómo coordinas tus pasos. Te acercas a tus compañero, le chocas la mano y se intuye un “¿Cómo ha ido?” al que aún no eres capaz de responder, pero sonríes y exhalas un “Bien… No ha estado mal”, y miras a los que empiezan ahora intentando avisarles de lo que les viene encima.

Pero lo has disfrutado, ¿verdad que sí? Algunos repetirán, otros quizá se lamenten por haber fallado en eso “tan tonto” que creían dominado, y otros muchos, muchísimos, estarán orgullosos de su resultado.

Seas quien seas, siéntete orgulloso por haberlo hecho, o por haberlo intentando, o por haber reventado el WOD cuando no dabas un duro por él. Siéntente un loco, porque un poco locos estamos.

Seas como seas, hagas lo que hagas, recuerda que eres crossfitter, y que un crossfitter nunca se rinde.

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